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27.1.10

Tiembla Alessandra Rampolla

Para agregarle un poco de condimento a sus usualmente soporíferas charlas de atril, CFK hizo hoy un profundo análisis sobre las virtudes potenciadoras del rendimiento sexual de la carne de chancho (?).
"Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra", expresó la nueva competidora de Alessandra Rampolla.
Al declararse amante de dicho alimento relató de manera pícara que el pasado fin de semana en El Calafate habían reemplazado el habitual corderito patagónico por "cerdo con cuerito y todo".
Es casi inevitable imaginar la escena:
–Vieja, pasá pa'l fondo que ya me está haciendo efecto la bondiola.


7.11.09

Estado

Hace unos días me llegó la invitación para probar Google Wave.
Mientras curioseaba la novedosa aplicación, llegué al ineludible "perfil" que uno puede completar como más le plazca: nombre, foto, website y estado.
Ese último campo a completar desató en mí una serie de alternativas, todas alejadas de lo esperable y a cual más ridícula.
Estado: deplorable.
Estado: a reciclar.
Estado: en franca decadencia.
Estado: de progresiva degradación biológica.
Estado: necesita inversión.
Estado: divorciada (ya sé, ese es el estado civil, pero también lo pensé).
Estado: excelente motor, carrocería dañada.
Estado: vegetativo.
Estado: animación suspendida.
Estado: de conservación.
Estado: alterado.
Como es de suponer, el campo quedó vacío.

23.9.08

Finalmente

14.9.08

Resistiré

Yo sabía. Lo sabía como me sé mi número de documento.
Sabía que una vez que empezara, cada paso iba a ser un desafío.
Sabía que me esperaban momentos difíciles en los cuales tendría que probar mi templanza y mi fortaleza de espíritu.
Me imaginé unas cuantas situaciones atractivas, inspiradoras, osadas y hasta riesgosas. Ofrecimientos e invitaciones que mi zona fóbica declinaría con una sonrisa cortés.
Lo que nunca pensé fue iba a suceder tan –pero tan– rápido.
Y lo que jamás se me ocurrió fue que la primera oferta que tendría que declinar sería la de ¡inyectarme Botox®!

12.9.08

Fill in the blanks

“La realidad y la verdad siempre son construcciones complejas. Se hacen de muchas piezas, muchas miradas y muchas voces. La .......................... –una realidad incontestable– ha sido, desde siempre, narrada por una parte de los protagonistas y damnificados. Este libro aporta una pieza más, otras miradas y otras voces. Sobre todo, las voces que hasta ahora no se habían escuchado.”
Al darle forma a "..........................", la idea de Laura Cambra fue que ......................... contaran su historia. Por eso, los testimonios sumados a un pormenorizado y lúcido análisis de los hechos en su totalidad –sin perder nunca de vista un horizonte humano–, hacen de este libro una lectura imprescindible a la hora de asomarse a la comprensión de una situación compleja en la que el común denominador fue, es y será siempre el dolor.

Y, sí, éste es el texto de la contratapa. Antes que en cualquier otro lugar. Una verdadera primicia.

9.9.08

Historias de diván

Ayer aprobé los textos de cubierta.
Todo dentro de lo esperado: una minibiografía –que redactó mi editor por eso de que no puedo narrarme en tercera persona–, un fragmento del libro –unas cinco líneas bien seleccionadas– y un párrafo editorial.
Cortito y al pie.
Pero la cosa no terminó ahí. Las tapas de los libros tienen dos simpáticas aletitas. En una de ellas, figuran los antecedentes del autor. En la otra, por lo general, una lista de títulos recomendados del mismo sello.
¡Y yo tengo al licenciado Rolón en la solapa!

5.9.08

Limpieza de cutis

Después de unos cuantos meses trabajando, después de casi cincuenta mil palabras, después de rastrear diarios y revistas, expedientes, testimoniales y fallos. Después de negociaciones, contratos, expurgaciones y una inenarrable ansiedad. Después de haber imaginado, soñado y deseado... atravesé el punto de no retorno.
En este momento se llevan a cabo en la Argentina dos juicios orales que, a diario, ocupan tiempo y espacio en los medios de comunicación. La vida y sus mágicas sorpresas me plantearon el desafío de escribir sobre una de estas causas judiciales y me pusieron muy cerca de algunos de los actores principales.
Esa experiencia fascinante se transformó en un libro.
Ese libro le interesó a una editorial.
Esa editorial ya me mostró la prueba de imprenta y el boceto de la tapa porque la cosa viene vertiginosa y el objeto de marras estará en las librerías a principios de octubre.
Sentí que... ¡guau!...
Entonces vino el momento definitivo: me presentaron a la encargada de prensa.
Yo, que había dejado de escuchar cualquier otra cosa una vez que el editor dijo que el libro estaba muy bien escrito, apenas entendí palabras sueltas como "entrevistas", "televisión", "periodistas" y percibí, de lejos nomás, que una maquinaria muy ajena a mí ya estaba en marcha...
Durante la tarde cayeron dos o tres mails algo perturbadores en los que se leía "exclusiva", "adelanto", "primicia", cosas que pasé absolutamente de largo para refugiarme en la alta cocina y preparar una rica cena.
A la noche, de a poquito, las palabras sueltas empezaron a reconstruirse como oraciones simples. Way too simple sentences. Y luego fueron oraciones más complejas. Y, luego aún, impactantes párrafos.
Entonces me serví una generosa medida de vodka y empecé a revolver entre viejas agendas. No buscaba el teléfono de un antiguo psicoanalista para retomar una perdida conversación de diván, ni el de un ex amor con el que quisiera compartir la noticia. Sólo trataba, desesperada y ansiosa, de recuperar los datos de la mucho tiempo atrás olvidada cosmetóloga.

13.5.08

I'm not on drugs

A no ser que uno o dos gin tonic por semana puedan ser considerados una adicción.
O que los Marlboro Box y la Coca Zero vengan aditivados. ¡Juro que jamás me dejé tentar por Actimel ni por Activia (¿por qué será que los dos empiezan con 'acti'?) ni mucho menos por el devastador Danonino y que hace rato abandoné los Mars que me brindaron incomparables momentos de placer!
Entonces, no sé qué es lo que me provoca las alucinaciones de un ácido que pega mal. Como recién cuando, por encima de la pantalla de la tele vi la imagen horrenda de Mónica Gutiérrez desencajada, en pantuflas, con una redecilla que le protegía el casco de pelo que no sé qué peluquero sádico le fabricó y corriendo, escoba en mano, mientras aullaba "¡Gretaaaaaa, te voy a matarrrr!".