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27.1.10

Tiembla Alessandra Rampolla

Para agregarle un poco de condimento a sus usualmente soporíferas charlas de atril, CFK hizo hoy un profundo análisis sobre las virtudes potenciadoras del rendimiento sexual de la carne de chancho (?).
"Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra", expresó la nueva competidora de Alessandra Rampolla.
Al declararse amante de dicho alimento relató de manera pícara que el pasado fin de semana en El Calafate habían reemplazado el habitual corderito patagónico por "cerdo con cuerito y todo".
Es casi inevitable imaginar la escena:
–Vieja, pasá pa'l fondo que ya me está haciendo efecto la bondiola.


11.10.09

Lo que viene

Dado que la realidad argentina ya no ofrece temas de reflexión, he decidido dedicar mis días a cuestiones verdaderamente trascendentes, a saber:

  • La vida útil de la esponjita cuadriculada.
  • La velocidad del chancho en la curva teniendo en cuenta el cambio climático y el calentamiento global.
  • La proporción áurea del shampoo y el acondicionador.
  • Juan Valdez, un grande injustamente olvidado.
  • La misteriosa desaparición de Florencio Randazzo.
  • La tragedia existencial de la botinera frente al cambio de camiseta.
  • El trauma infantil de Zulma Lobato.
  • Somos lo que comemos: estudio anatomopatológico de los restos de comida en el bigote de Aníbal Fernández.
  • La ignominiosa vida del jubilado en Suiza.
  • El significado social y antropológico de los tests de FaceBook.
  • La supuesta homosexualidad de Pablito Ruiz.
  • El origen mitológico de la gota de Magistral.
  • La evolución del lenguaje hacia la desaparición de la primera persona (¡hasta Amalia Granata habla en tercera!).
  • El tránsito lento y el equilibrio en la reserva de agua potable.
  • La depreciación del lilangeni swazi.
  • Tendencias: el estilo Pichetto (investigación patrocinada por Hair Recovery).
  • La transfiguración de Myriam Bunin.
Me espera toda una vida abocada al pensamiento y la investigación.

10.8.09

Solteros de calidad
















Si hay solteros de calidad, ¿hay también solteros de segunda selección? En consecuencia, ¿hay un outlet de solteros que tienen una fallita que ni se ve?

¿Existe la misma calificación para divorciados, viudos y casados?

¿De qué clase de calidad estamos hablando? ¿Efectivos, rendidores, económicos, resistentes?


¿Dónde se adquiere el certificado de calidad? ¿Quién lo otorga? ¿Cada cuánto tiempo debe ser renovado? ¿Cómo saber si es auténtico?

¿Habrá una calidad "superior", llámese como se llame (world class, primera especial, alta gama)? ¿O la calidad masculina se mide casi como la de las sábanas de algodón egipcio: a más hilos, más calidad?

¡Y después dicen que a las mujeres nos tratan como a un "cacho'e carne"!

7.6.09

Efectos colaterales

Hay un publicitario que hace algunos años fue el más cool de todos los cool en un medio en que si no sos cool no existís. Harto de ganar todos los premios habidos y por haber, decidió probar –sin demasiada suerte– con la ficción televisiva. Como por ahí la cosa no iba, se movió hacia la otra ficción, la ficción política.
Así fue quien ideó el "dicen que soy aburrido" y nos vendió –y nos compramos porque la necesidad tiene cara de hereje– a Fernando, el que iba a ser el "médico de todos los argentinos" y terminó siendo el que se despidió desde el helicóptero.
Luego, en 2003, perpetró el comercial "Carlitos en el Monte de los Olivos", una pieza temeraria (lamento que no figure en youtube), extremaunción del ex presidente y eterno candidato.
Ahora nos ofrece la prístina figura de hijo, padre y marido ejemplar de Francisco que, sumada a las cachetadas –que debe haber medido muy mal porque salió de circulación–, al ruidoso llamado a contar los votos porque los votos cuentan y a las frasecitas que suenan a Coty Nosiglia en "Boluda total", conforman una de las campañas propagandísticas más caras de la historia argentina, sino la más cara.
Viendo el recorrido de este muchacho –ya no tan muchacho– en la arena política local, yo, en el lugar de Francisco, no estaría pensando en celebrar sino calculando cuáles serán los efectos colaterales de su creativa colaboración.

18.2.09

Ricura, ricura...

En La guaracha del Macho Camacho (1976, ¡qué año, Teté!), una novela collage de Luis Rafael Sánchez (Puerto Rico – 1936), el lenguaje cotidiano se mezcla con numerosas referencias a la realidad bilingüe de la isla, la influencia de los medios masivos, la música popular y la fuerza de la oralidad.
A lo largo del texto, una línea se repite de manera sistemática: "ricura, ricura, la vida copiando la literatura".
Hoy, cuando parece que nuestros Athos, Porthos y Aramis telúricos esperan un guiño del esquivo y solitario D'Artagnan, no pude menos que recordar esa frase de una obra clave en la literatura caribeña.

Una banana a la derecha, por favor.

6.2.09

Preguntas y respuestas

Ayer me llegó por mail uno de esos cuestionarios (suspiro) supuestamente destinado a saber más de los amigos (otro suspiro). El juego de marras consiste en responder un amontonamiento de preguntas en las que se mezcla lo constante (nombre, tamaño del pie o características de personalidad) con lo variable (con quién hablaste por teléfono o qué ropa tenés puesta en este momento); lo relevante (ok, ok... hay poco o nada relevante) con aquello que denota la más estúpida superficialidad. Para colmo de males, la insistencia en horadar el vacío requiere de cuarenta (40) agudísimas preguntas.
Como la cuestión es divertirse (y el texto introductorio deja bien claro que el que no contesta es un amargo), decidí copiar el interrogatorio aquí, responderlo y comentarlo. Veremos qué sale. Por suerte, mis amigos me quieren mucho.

1. Nombre completo

Laura Aurora Cambra
Lo tengo asumido.

2. ¿Por qué te pusieron ese nombre?
Laura porque les gustaba, Aurora por la hermana de mi mamá.
Y ni esmerándose podrían haber encontrado una combinación más cacofónica. Con el tiempo descubrí que mis nombres remiten a la línea de Barrio de tango (Manzi-Troilo) que dice "un ladrido de perros a la luna".


3. ¿Le pides deseos a las estrellas?

No.
Por cierto, no pido deseos. Soy un ser deseante (Lacan, no offense). En todo caso, pido que los deseos que ya tengo se cumplan.

4. ¿La última vez que lloraste ?
Hace dos meses, creo.
No tengo un calendario del llanto o la efemérides de la lágrima.

5. ¿Pan con que?
Me da lo mismo.
¿Era necesaria esta pregunta? Sólo puede demostrar la escasa variedad de criterios de la especie humana y su notable obviedad. De las respuestas que recibí, el 90% se dividía entre manteca y dulce; hubo varios "me da lo mismo", que vendrían a ser los NS/NC y, por supuesto, siempre hay alguien que vota al partido vecinal y dice "fiambre".

6. ¿Te gustan los animales?
No especialmente.
Siempre cae más simpático decir que los animalitos son preciosos, tiernos, adorables. Pues, prefiero sonar antipática y hacerle honor a mi olfato quisquilloso que prefiere tenerlos lejos.


7. ¿Cuántos hermanos tenés?

Dos.
Otra pregunta para el bipartidismo, muy cercana a la del pan. Obviamente, las palmas se las llevan el uno –familia tipo, ¿vio?– y el dos. Lo que me pone en el territorio de la masa.

8. ¿Colaborás con alguna ONG?
No.
Esta pregunta es para la culpa. Tanto es así que leí varios "no pero estoy pensando en hacerlo" o "no pero lo haré en breve".

9. ¿Si fueras otra persona serías tu amigo?
Sí.
Suena mucho a Groucho Marx y su "jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio". Agregaría algo: ¿qué pasaría si yo fuera otra persona y quisiera ser mi amiga y yo no quisiera hacerme amiga de esa persona que es otra que yo?

10. ¿Tenés un diario de vida?

Muchos, sueltos, de a ratos o en retazos, reflejados en cada cosa que escribo.
Esta pregunta no debería contestarla porque quedo descalificada como los que trabajan en marketing quedan afuera de cualquier sondeo de opinión.

11. ¿Sos sarcástico?
Soy –a veces– irónica.
Acá hice trampa. A veces, además de irónica, también puedo ser sarcástica. Y no veo qué tiene de particular ninguna de las dos cosas. La ironía y el sarcasmo son recursos lingüísticos, no características de personalidad. Hablan del dominio del lenguaje y no de un rasgo de conducta.

12. ¿Harías bungee-jumping?
Naaaaaaaa.
No way.

13. ¿Cuál es tu cereal preferido?
No tengo.
Promediando el cuestionario, hemos tocado el punto máximo de la estupidez y de la irrelevancia. ¿Who cares? ¿Cereal preferido? ¿Esto es una encuesta para Zucaritas?

14. ¿Te desabrochás los zapatos antes de sacarlos?
¿Se desabrochan los zapatos antes de sacárselos?
¿Uh?... ¿Oh? Si la intención era medir el grado de impulsividad, estamos fregados porque yo no me los desabrocho de obsesiva nomás... para empezar, tendría que volver a abrocharlos y para seguir, si quedan abrochados reduzco la posibilidad de error en el perfecto ajuste al volver a usarlos.

15. ¿Creés que sos fuerte?
Me he demostrado que soy fuerte en más de una ocasión pero no creo que eso me haga una persona fuerte.
Teoría del absoluto relativo: cualquier característica positiva llevada al extremo de la univocidad se torna completamente relativa.

16. ¿Tu helado preferido?
Cualquiera de fruta (no me gusta mucho el helado).
Who cares? Creo que Facebook –feisbuk para los amigos– ha pervertido a la humanidad digital invitándola a formar parte de grupos tan bizarros como "los amantes del helado de pistacho".

17. ¿Cuánto calzás?
Cuarenta.
Sí, mis pies son un 8% más grandes que el promedio. En mi adolescencia, esto era información clasificada. Ahora sirve sólo en el caso de que alguien quiera regalarme zapatos.

18. ¿Rojo o rosado?

Rojo.
¿Por qué a mí?

19. ¿Qué es lo que menos te gusta de vos?
Ser tan frontal.
Esta fue una respuesta de compromiso. Podría haber dicho mis pies –tengo cuarenta razones para nombrarlos– o mis ojos o mis brazos o mi ombligo. La realidad es que ser frontal me ha traído más de un problema y más de una satisfacción. Se aplica la teoría del absoluto relativo mencionada en la respuesta 15.

20. ¿A quién extrañás mucho?
A nadie.
No tengo espacio interno para la melancolía. No me sale. No lo siento. Se ve que me falta el chip de la extrañanza.

21. ¿Te gustaría que a todos aquellos que enviaste este cuestionario te respondan?
No me es imprescindible.
Sí, ya sé, es una manera diplomática pero inequívoca de decir que me importa un pepino saber cuánto calzan mis amigos. Pero, de verdad, no me importa. Sí me importa saber que cuando los miro los veo y sé si están tristes o contentos; que cuando nos abrazamos nos estamos conectando; que cuando nos encontramos tenemos algo para compartir.

22. ¿Qué color de pantalones y zapatos tenés puestos?
Ojotas verdes y vestido rojo.
Claro, me agarraron en un "momento Fiona". De haberlo sabido, me habría producido para la ocasión. ¿Y por qué asumir que vestía pantalones? ¿Habrá sido un rasgo machista? En última instancia, la pregunta es un monumento a la estupidez: ¿de qué me sirve saber qué llevaban puesto mis amigos mientras respondían el cuestionario?

23. ¿Lo último que comiste hoy?

Melón.
Otra estupidez atómica, el paroxismo de la estupidez.

24. ¿Qué estás escuchando en este momento?
Mis pensamientos.
Ya escribí sobre el coro de niñas cantoras que tengo en la cabeza. Suelo valorar el silencio exterior porque si les pongo música se lanzan a canturrear.

25. ¿La última persona con quien hablaste por teléfono?

Mi hermana.
Who cares (again)?

26. ¿Trago favorito?
Varios: los que llevan bebidas blancas y el champagne.
Si querían saber si paso el test de alcoholemia, queda claro que no.

27. ¿Deporte favorito para ver por TV?
Fútbol y tenis.
Indudablemente, este cuestionario lo hizo un hombre (y a juzgar por todos los cambios del "tú" al "vos" que tuve que hacer, domina el español neutro.

28. ¿Comidas favoritas?
Muchas, desde la pizza hasta el sushi (muy presidencial lo mío) pasando por una buena pasta.
A ver... se puede alardear y decir magret de pato con foie gras, o bien bajar el perfil a una popular napolitana con fritas (que tiene grupo en feisbuk). No es un secreto que me encanta cocinar y que la comida me produce un enorme placer. Cualquier respuesta que dé en este punto será insuficiente.

29. ¿Final triste o final feliz?
Final.
¿Hay finales felices? Yo tengo la sensación de que lo que suele llamarse "final feliz" no es otra cosa que un comienzo. Los finales siempre son tristes porque algo se termina y hay que dejarlo atrás. Desde chica me atormentaron los "finales felices" porque, ¡caray!, me dejaban con la intriga acerca de lo que sucedía después del "The End".

30. ¿Tenés mascotas?
No.
He tenido, he tenido. He cuidado de mis animalitos –hasta la obsesión, como corresponde– y ahora decidí que no quiero cuidar de nada ni de nadie.

31. ¿Día favorito del año?
Cualquiera, todos tienen su encanto, hasta los más difíciles.
Eludamos la obviedad del cumpleaños, la navidad, el año nuevo y toda esa parafernalia estereotipada y caótica. Cada día es una aventura. Cada día es una oportunidad. Cada día representa un desafío.

32 . ¿Besos o abrazos?
Ambos.
Convengamos, hay besos y besos y hay abrazos y abrazos. Los quiero todos.

33. ¿Sos una persona alegre?

Sí, muy.
Soy más que una persona alegre. Soy una persona feliz.

34. ¿Quién creés que te responderá?
No clue.
Y no importa. No me importa.


35. ¿El que menos creés que lo devuelva?
Idem anterior.
Básicamente, si creo que no me lo va a devolver, no se lo mando. Nos ahorramos el viaje sin retorno.

36. ¿Qué libro estás leyendo?
Tres al mismo tiempo: La casa de Dostoievsky (Jorge Edwards), La trilogía de NY (Paul Auster) y Ulyses (James Joyce).
No es esquizofrenia, son cuestiones de mi trabajo. Leer y releer. Buscar palabras. Encontrar información en el blanco entre una línea y otra. Disfrutar de esa combinatoria sorprendente y única que hace de un texto un libro con carácter y personalidad.


37. ¿Color favorito?
Todos excepto el amarillo.
Una idiotez supina. El amarillo es precioso en los girasoles aunque no me guste para la ropa.

38. ¿Qué viste anoche en la tv?
Estrenos de series... nada memorable.
Ultimamente me dedico a analizar cómo los guionistas de las series tienen una vida útil de tres temporadas luego de las cuales empiezan a derrapar, muerden la banquina, se van al pasto, vuelcan y terminan tapados con diarios. Eso en el mejor de los casos. En el peor, padecen delirios lisérgicos que trasladan inescrupulosamente a los personajes.

39. ¿Rolling Stones o Beatles?
Beatles.
Detengámonos un instante en lo que encierra esta pregunta. No es Oasis o Cold Play ni Aerosmith o Skorpions (por decir obviedades de épocas diversas). Son los Rollings o los Beatles. Una dicotomía que denuncia la pertenencia a una generación. ¡Vergüenza debería darle a semejante grandote andar haciendo cuestionarios como éste!

40. ¿Dónde es lo más lejos que has estado de tu casa ?
Perdida dentro de mí misma.
Esto es rigurosamente cierto. He viajado. He estado geográficamente lejos de mi casa más de una vez. Sin embargo, cuando más lejos estuve fue cuando estuve lejos de mí misma.

4.12.08

Querido Papá Noel

En el lejano e inclemente Polo Norte, Papá Noel tiene un completísimo archivo privado. Allí están ordenadas todas las cartas que el buen señor ha recibido. En este curioso conglomerado de pedidos es posible advertir que los primeros deseos de muchas personalidades de todas las áreas, ya desde la infancia manifestaban aquello que con el tiempo (a veces, además, con mucha ayuda) lograron ser y, también, reconstruir los tortuosos caminos por los cuales sus sueños se hicieron realidad (o no).
Así, es sorprendente reconocer en la caligrafía apretada y llena de errores (no, no estoy hablando de Susana Giménez, ella quería conocer las Cataratas del Iguazú y... sí, a los dinosaurios vivos, deseo que, como es de público conocimiento, no ha podido concedérsele ni con la colaboración de COAS), a Carlitos W.B., cuya corta misiva de 1953 solicita "un kit de harmas kímicas y un livro con la istoria de Vavilonia y una votella de whisky (para mi daddy que ya es grande)" (sic).
En las cartitas de Ronald (no, McDonald no, el otro), en cambio, puede apreciarse, ya desde 1918, su profundo deseo de llegar a ser una estrella de westerns producidos en Hollywood. Sus pedidos se repiten sistemáticamente: cartucheras, estrella de sheriff, pistolas... y réplicas del Oscar de la Academia. En un cruce de información digno del Excalibur ha podido constatarse que, en un momento circa 1934, las cartas del tierno Ronald –que persistía de manera conmovedora en su deseo de protagonizar films del lejano Oeste– se mezclaron con las de un precoz Clint E. (no confundir con Bill Clit, que pedía pasantes para el despacho oval) cuya energía estaba puesta por completo en ser presidente del país más poderoso del mundo. Esta confusión explicaría la eterna sonrisa sorprendida de Ronald y la no menos eterna cara de bragueta de Clint (y también la activa bragueta de Bill).
Si nos enfocamos estrictamente en el mundo del espectáculo veremos no sin sorpresa las esquelas de Michael J. quien, desde que pudo articular las primeras frases (y estoy segura de que, antes que "amo a mi mamá" aprendió a escribir "quiero ser wasp"), hizo la misma solicitud: "cremas blanqueadoras, una montaña rusa propia y que me llamen Macaulay"; las de Richard G. pidiendo ser actor y conocer al Dalai Lama (le dieron lo segundo, no lo primero. Lamentablemente para la historia de la cinematografía, él parece no haberse enterado); las de Al P. que quién sabe por qué extraños motivos quería siempre dientes nuevos (se los otorgaron para su papel del Diablo en "Devil's Advocate", cosa de que su apariencia fuese terrorífica); y las de Mel G. que en su lampiña infancia insistía con tener un bigote como el de Adolf H. (el bigote no se lo dieron).
El género femenino también tiene una participación más que interesante en esta investigación. El cruce de las cartas enviadas muestra que Britney S. siempre quiso ser Madonna e, inexplicablemente, Madonna todavía sigue escribiendo que quiere ser Britney (pero ahora lo escribe en hebreo). Nicole K. primero pidió un Top Gun (perdón, Tom C.) que le fue concedido, pero cuando se dio cuenta que el señor sólo alcanzaba el top subido al banquito de la cocina, que de gun no tenía nada y que, encima, venía con la Cientología incluida, rectificó su pedido dando lugar a que se hicera realidad el de Katie H. Un caso curioso es el de Winona R., cuyo eterno pedido fue "yo quiero ser 'mechera'" y le fue otorgado junto con una innumerable cantidad de horas de probation.
En el plano local la cosa no resulta mejor. Una generación entera –post Diego Armando y Claudio Paul– invirtió ríos de tinta y fortunas en estampillados al Polo Norte expresando su deseo de "casarme con un jugador de fútbol internacional" (jamás el 2 de Mandiyú), últimamente ampliado a "casarme y tener hijitos", y dando origen a una nueva categoría: las "botineras". Papá Noel ya cumplió con los objetivos de Wanda N., Evangelina A., Nicole N. y Eliana G. En cambio, los de Natalia F. y Amalia G. han tenido algunos matices. Aunque ambas creyeron estar haciendo realidad lo solicitado en sus cartitas, al revisar los archivos se advierte que la primera fue la concreción del deseo de Carlitos T., mientras que la segunda acredita haber sido el regalito de Navidad para un tal Robbie W., que había solicitado con desesperación una "pantalla" y quién sabe qué habrá entendido Santa Claus que le mandó a esta chica. Dando muestras de su convicción y persistencia, cuando las muchachitas no le escriben al señor del Polo Norte, veneran a "la Claudia" y a "chorreo glamour Mariana".
Por cierto, los archivos de Santa son privados pero no inaccesibles de modo que ¡cuidado con lo que escriben después del insoslayable "querido Papá Noel"!

3.8.08

Más Q que K

En el abecdario, K está indudablemente antes que Q. En la vida real, todo lo contrario. Es más, si hay excelente Q, ¿quién necesita K?
Y no estoy hablando de "los K", ¿o es que la única K que existe es la presidencial?

16.7.08

Tribulaciones de la voz interior

Quien más, quien menos, todos tenemos una voz interior que a veces nos susurra tiernamente sugiriéndonos algún curso de acción no contemplado con anterioridad y otras profiere gritos destemplados de cerdo en proceso de faena. Por supuesto, la suavidad tiene que ver con nuestra disposición a la escucha y la protesta histérica y ruidosa, en cambio, con la constatación del dicho popular "no hay peor sordo que el que no quiere oír".
Esta convivencia dialógica es más o menos controlable, un poco por la costumbre y otro poco por la resignación, y la mayoría de las veces funciona como un recordatorio no solicitado de recomendados, permitidos y prohibidos que sólo en raras ocasiones coinciden con nuestros deseos e impulsos.
Este sistema de censura previa y subrepticia es vulgarmente conocido como "la voz de la conciencia" o "la conciencia" a secas.
El problema que me aqueja es que, a falta de una voz, yo tengo una multitud cuyos miembros se expresan libre e indiscriminadamente sin prestar la más mínima atención a la confusa cháchara que generan. Es decir que, más que conciencia, lo que yo tengo es una conciencia canónica (en su acepción de canon musical y no de canon eclesiástico, ¡faltaba más!) que, no conforme con su funcionamiento interior, hace frecuentes apariciones en mi vida de relación.
Por ejemplo, cuando escribo, toman la forma de esos incómodos paréntesis aclaratorios (ver líneas arriba) porque, además, esta laureada coral (no por los premios sino porque, en definitiva, habita dentro de Laura) goza de una envidiable instrucción que supera a la de su dueña (no, no, no... un momento, ¿quién dice dueña? ¿dueña de qué?) y no se conforma con la categoría secundaria de nota al pie (¿con numerito incluido?). Ni hablar cuando pienso y vociferan opiniones encontradas que empañan mi (escasa e infrecuente) (¿ven?, son ellas acotando) claridad.
Sin embargo, cuando la cosa se pone fea de verdad es cuando mis niñas cantoras no tienen mejor ocurrencia que manifestarse enérgicamente mientras yo hablo con alguien y las insidiosas refutan con grititos agudos a las conciliadoras, sin importarles que yo, en medio de semejante batahola interna, trato de seguir el hilo de la conversación y mi expresión se hace merecedora de un "me gustas cuando callas porque estás como ausente" (ya tenías que ponerte intelectual y citar a Neruda).
Lo cierto es que lo que a los demás les parece una inusual capacidad para ponerme en los zapatos de otro sólo es (lamentable realidad) el efecto de la esquizofrénica multitud que me habita. Que la expresión de ausencia no es índice de reflexiva languidez sino el denodado esfuerzo por sostener una línea de pensamiento (línea y pensamiento en la misma frase... humm, lo tuyo es cuando menos presuntuoso). Que el silencio no implica compromiso con mi eventual interlocutor sino la imposibilidad de sustraerme a la mordacidad (inteligencia, querida, eso en mi barrio se llama inteligencia) de mis pobladoras interiores.
Y, claro, lo que sugiere una elogiable actitud "hacia afuera" es, malgré moi, la sumisión "hacia adentro".
"Las chicas" (como ellas mismas han dado en llamarse) son, por lejos, más vivaces, osadas y punzantes que su anfitriona (o sea yo). Pugnan para que sus declaraciones vean la luz y suenen en mi voz. Persisten en su vocación combativa. Y me intimidan a tal punto que, en ocasiones, tengo ganas de abandonar mi habitual actitud zen para gritarles de manera desaforada, cual presidenta depuesta viviendo en el acogedor exilio español: ¡No me atosiguéis!

7.7.08

Vergüenza debería darnos

A veces, cuando los sucesos se apelotonan y generan un clima cambiante, es necesario detenerse y hacer un resumen que permita tener una perspectiva más ajustada de la situación, en algunas ocasiones hacer una evaluación de los daños y, en otras, operar como el "pase en limpio" de un sorprendente borrador. En mi caprichosa enumeración hay para todos porque la realidad no es amiga de la dicotomía "buenos" y "malos", y las cosas no siempre son "blancas" o "negras".

Este es mi resumen:

  • La titular del Poder Ejecutivo toma una medida, digamos, "original".
  • Cuatro tipos que en condiciones normales no compartirían ni un café parecen hermanos separados al nacer y, reunidos por el rostro hereje de la necesidad, convocan a la movilización a sus representados iniciando lo que, desde el oficialismo, se dio en llamar el "lock-out patronal".
  • Una gran parte de la población es oligarca (no sé cómo se conjuga "muchos" con "oligarcas", pero así es) y a todos les sobran ollas así que de a ratos salen a golpearlas a las calles en apoyo a los "patrones".
  • Un puñado de proletarios que ganan fortunas copan la Plaza de Mayo junto con ministros y ex funcionarios y dan un espectáculo difícil de entender en el cual expulsan a las hordas oligarcas de tan significativo lugar.
  • Los cuatro hermanos separados al nacer se asocian con un ex presidente y un multimedio para conspirar contra la democracia (líder social dixit).
  • Otro ex presidente, adalid de los derechos humanos y enemigo acérrimo de las fuerzas armadas (hoy no le puede pedir a las fuerzas de seguridad ni que le cuiden la bici del jardinero de Olivos), pide la "rendición incondicional" del sector que lideran los cuatro hermanos Cartwright (¿se acuerdan de Bonanza?).
  • Un líder social (?) fundamentalista invita a los defensores de la democracia a armarse para defenderla de los sediciosos (sic).
  • El vicepresidente se despega de la situación y, en flagrante rebelión, incita al Senado a sesionar (¿es que el Honorable Senado de la Nación debe ser invitado a hacer el trabajo para el que fue designado?) ganándose de inmediato un pasaje al infierno o, lo que es peor, al ostracismo político.
  • Los medios de comunicación hacen todo lo posible para que los ciudadanos muramos intoxicados de versiones y dichos.
  • La mitad de la población termina enfrentada con la otra mitad con consignas tan anacrónicas como "Patria sí, colonia no".
  • Se tira la leche (algunos dicen que para la foto).
  • Cuando el mundo entero pide a gritos alimentos (y los paga), por h o por b, nosotros decidimos pelearnos y meternos los granos en el... silo-bolsa.
  • Un "gringo'e las chacras" se transforma en el Gandhi autóctono.
  • Algunos peronistas miran el cielo y calculan adónde va a empezar a calentar el sol desde mañana.
  • Los sindicalistas son peronistas (ergo, les vale la afirmación anterior).
  • El consorte de la Primera Mandataria, cual titiritero experimentado, maneja hilos con increíble habilidad para empantanarse cada vez más y, como no tiene 4x4 porque eso es de chacareros oligarcas, arrastra consigo todo lo que se le cruza, inclusive a aquellos que le tienden el cable para una salida digna.
  • El tensiómetro alcanza niveles peligrosos cuando, en fecha patria, la multitud oligárquica concurre en masa al acto marginal convocado por los chicos de Bonanza.
  • La población entera se transforma en "sojóloga".
  • No hay combustibles, no hay alimentos, no hay medicinas.
  • El Gobierno condiciona la continuidad del diálogo al levantamiento de las medidas de fuerza o paro agrario o lock-out patronal o como quieran llamarle.
  • Los "autoconvocados" no responden a los Cartwright y permanecen en las rutas.
  • En un gesto destinado a aflojar las tensiones, la Primera Dam..., perdón, Primera Mandataria, envía la resolución retencionista al Congreso de la Nación (y ahora, vayan a cantarle a Gardel).
  • Todos empiezan a cantarle a Gardel desde las carpas y carpitas, con visitas y reuniones a los legisladores, cosa de sumar voluntades para uno u otro sector.
  • El "gringo'e las chacras" alcanza categoría de chamán y practica la bilocación predicada por los maestros pitagóricos: es visto en las rutas y en las inmediaciones del Congreso.
  • Tras diez días de intenso trabajo –¿o será que simplemente hicieron lo que debían hacer?– de las comisiones parlamentarias tiene lugar un debate maratónico en el cual, por peras o por manzanas, el oficialismo logra la aprobación de la resolución retencionista con cambios de último momento (en el texto a considerar y en las voluntades de los legisladores), definiciones poco claras (ídem anterior) y un notable grado de imprevisibilidad (sí, también, ídem anterior).
  • El Congreso ¡funciona!
  • El resultado de la votación es coronado por una lluvia de papelitos, cual victoria futbolera y, como lo impone el deporte nacional, "no importa por cuánto ganamos, lo importante es que ganamos" de un lado y "ganadores morales" del otro.
  • Nadie sabe cuánto costarán las horas extra de los diputados de la Nación.
  • Una dirigente apocalíptica –ex candidata a la Presidencia– da una nueva versión bíblica del futuro (confirmado: tendremos que esperar a morir para obtener la salvación).
  • Ahora, además de oligarcas y patrones, hay traidores.
  • Los Cartwright planean una nueva reunión de la mesa de enlace (¿le habrán puesto así en honor a eso de los "matrimonios por conveniencia"?) y renuevan sus esfuerzos para "operar" a los Senadores. Por supuesto, si de "operar" se trata, el oficialismo también despliega sus habilidades quirúrgicas.
  • El martes 8 de julio, en vísperas de una nueva fecha patria, comenzará el tratamiento de la resolución en la Cámara Alta.

Vergüenza debería darnos.


5.7.08

El mejor ataque, una buena defensa

Cuando una mujer ve que en el horizonte comienza a dibujarse el perfil de una jauría tiene que actuar con precisión estratégica.
Su primera acción debe ser evaluar las ecuaciones que surgen de ponderar los posibles escenarios que se configurarán en las distintas etapas de aproximación de los desaforados caninos en relación con las posibles respuestas al avance.
A saber:

Etapa inicial
1. Galgos lejanos vs. respuesta presunta "no way".
2. Galgos lejanos vs. respuesta presunta "one shot... maybe".
3. Galgos lejanos vs. respuesta presunta "absolutely yes".

Para el caso 1 se impone un rociado masivo con flit con el objeto de cortar el avance y despejar el campo de acción con la mayor celeridad.
Para el caso 2 es aconsejable permitir el pase a la siguiente etapa sin perder de vista las señales –aun las mínimas– que puedan ayudar a visualizar, con algún grado de certeza, la respuesta final.
Para el caso 3, lo aconsejado es una correcta ponderación de urgencias manifiestas y su relación con la posibilidad de una retirada inesperada de la jauría por enfriamiento. En este punto tienen vital importancia la intuición y el sentido de la oportunidad que permitirán apresurar o dilatar procesos en función de evitar efectos no deseados.

Etapa intermedia
1. Galgos a media distancia vs. respuesta presunta "no way".
2. Galgos a media distancia vs. respuesta presunta "one shot... maybe".
3. Galgos a media distancia vs. respuesta presunta "absolutely yes".

Para el caso 1 de esta etapa es importante diferenciar el momento de definición de la respuesta. Si ésta hubiese estado definida en la etapa anterior, lo único que se puede decir es: "Nena, ¿por qué no hiciste el rebaje a tiempo?". Si, en cambio, el "no" es un descubrimiento reciente, remitirse a la recomendación para el punto 1 de la primera etapa.
Para el caso 2, con los perros acercándose a velocidad de crucero, se impone una evaluación de la ecuación riesgo/beneficio de sostener la indecisión hasta el punto de no retorno.
Para el caso 3, por el contrario, lo que se impone es la evaluación de la ecuación riesgo/beneficio, en esa oportunidad orientada a la ponderación del efecto de enfriamiento no deseado.

Etapa final
1. Galgos peligrosamente cerca vs. respuesta presunta "no way".
2. Galgos peligrosamente cerca vs. respuesta presunta "one shot... maybe".
3. Galgos peligrosamente cerca vs. respuesta presunta "absolutely yes".

Para el caso 1, frente a un "no way", a esta altura del campeonato lo único que cabe es el consabido: "¿Nadie te explicó que, llegado este punto, o clavás los frenos y dejás media cubierta en la ruta o mordés la banquina y volcás como la mejor?".
El caso 2 requiere rapidez de reflejos no ya para eludir el bulto (sic) sino para enfrentarlo con hidalguía y tener clarísimo cuál va a ser la puerta de salida, vía de escape necesaria una vez concretado el disparo único de marras.
En el caso 3, aplauso, medalla y beso para la continencia tántrica y, finalizada la premiación, trofeo en mano, "relax&enjoy".

Algunos postulados a tener en cuenta
Ley del arrugue a la hora de los bifes: El nivel de histeria es directamente proporcional al permiso de avance –o la no intervención para detenerlo– con conocimiento previo de respuesta negativa.
Ley de la torta apelmazada: El nivel de ansiedad, con conocimiento previo de respuesta afirmativa, es directamente proporcional a la compulsión a saltear etapas (con riesgo inminente de que, cual bizcochuelo en el horno, la preparación se estropee por arrebato).
Teoría de la lástima: El nivel de compasión es inversamente proporcional a la velocidad de acceso al freezer.
Teoría del ataque sorpresa: La velocidad de los galgos es directamente proporcional a la energía requerida para disuadirlos.
Axioma del "no way": Toda mujer sabe a la perfección, desde el instante mismo en que pisa el galgódromo, si su respuesta será "no lo toco ni con un chorro de soda" (lo demás, es verso).
Postulado de Perogrullo: Los perros se cansan.

3.7.08

Padre y madre de regreso

Padre y madre, después de unos cuantos años de vivir en la otra orilla, deciden, un buen día y sin anestesia, volver a los pagos natales. Con impulso y energía que yo hubiese envidiado a mis veinte –ni que hablar ahora–, empacan, liquidan, embarcan y, muy de cuerpito gentil, aterrizan.
Pero claro, impulso y energía implican también cierta imprevisión, cierta inconciencia porque, ¿dónde aterrizar?
Con valijas y petates que eligieron, literalmente, no embarcar, irrumpen entonces en medio de la mudanza de mi hermana, mi cuñado y los melli abonando con su desorden un terreno justificadamente desordenado. Cual caravana de Kusturica –alegres, coloridos, ruidosos y, por qué no, bizarros– se asientan en la morada provisoria de hija-del-medio (que hasta hoy está preguntándose por qué diablos se quejaba cuando era la abandonada "del medio") y empiezan a buscar su propia residencia.
Por supuesto, las cosas no salen como esperaban. Sin mencionar las alternativas locales y coyunturales, que imponen al mercado de las propiedades un ritmo imprevisible, padre cae en cama con dolor de espalda y se ve impedido de recorrer probables destinos de la mano de agentes inmobiliarios variopintos.
En el interín, hija-del-medio y familia concretan el traslado al domicilio definitivo. Y ahí van todos, nuevamente, con la vida en el canasto.
Estando hija-mayor (yo) tapada de obligaciones y ausente con aviso pero sin olvido ni perdón, e hijo-menor embarcado en sus propias tribulaciones, hija-del-medio se hace cargo del rol protagónico de la tragicomedia en varios actos.
El lunes pasado, al borde de padecer una crisis neurasténica terminal, hija-del-medio, que parece estar cursando un master en mudanzas, me llamó vía móvil porque aún no tenía teléfono en su recién estrenado hogar:
–Padre me preocupa. Tendría que ir al médico, dijo con su habitual tono moderado.
–Y... la verdad es que ya son muchos días con dolor de espalda, respondí imitando su registro de mesura.
–Sí, pero hasta ahora no quería. Anoche, por lo menos, aceptó. Así que mañana va a visitar al doctor XX.
–Me alegro. Igual, tendríamos que asegurarnos de que le transmitan la realidad.
–Bueno, la realidad es que dice que siente que le están clavando un puñal, no se levanta ni para comer y yo creo que tanta cama le hace peor, no hace más que quejarse y lamentarse de haber decidido volver acá. ¡Una verdadera fiesta! Falta el papel picado y los chizitos.
–Sí, pero ya lo conocemos y cuando llegue al consultorio va a tratar de impresionar con su maravilloso estado, maravillosa salud, maravillosa manera de llevar los años. Y su no-colesterol y su energía y su espíritu inclaudicable. Siempre es el más sano del hospital.
–¡Ay, Dios! ¡Tenés razón! ¡Claro, él va y dice lo impecable que es su estado y el tipo termina preguntándose ¿para qué habrá venido este buen señor? El más sano del hospital y el más enfermo de la casa... porque acá no se priva de nada.
–Será cuestión de instruir a madre con una listita de lo que tiene relevancia para el médico además del dolor de espalda: la mudanza reciente, la arritmia, los trastornos digestivos, la depre, toda la medicación que toma por indicación del doctor y por indicación de madre, que siempre tiene a mano algo para lo que sea. No cuentan nada de eso y el tipo capaz que le receta algo que le hace bien para la espalda y mal para todo lo demás y después... ¡ay, mirá, mejor no sigo pensando porque me enerva! Y anotale también que le pregunten qué cama tienen que tener. Y amenazala con cualquier desgracia que sucederá si no sigue las instrucciones al pie de la letra (y paré porque ya me estaba transformando en una delegada de la Santa Inquisición).
–¿No será mucho? (mi hermana siempre tan cuidadosa) Madre dijo que quiere una cama dura, con elástico de madera y colchón también duro.
–¿Una cama de tortura?
–Ella dijo eso.
–Ella, antes de decir y decidir y dar por hecho, tendría que preguntarle a los que saben. A mí, que tampoco sé nada, me suena más una cama de resortes, sommier y colchón duros pero nada de tablas. ¿Sigue tomando la codeína?
–Sí, sigue, y madre también, aunque les dijeron que acá no se receta y que tiene efecto adictivo.
–Habría que sacársela, ¿no?
–No, ya se les está por acabar y no van a tener donde comprar porque acá no hay.
–¿Les dará síndrome de abstinencia?
–¡Ay, no sé, mirá... parecen Dr. House con el Vicodin!


(Este aquelarre se comunica con Movistar)


18.6.08

Cuando las personas no se escuchan

Desde que tengo memoria, cualquier ocasión en que mi familia se reunía era motivo para un debate. La mesa, una tribuna. El tono siempre encendido.
Mi padre, hábil argumentador, y mi madre, que solía –aún suele– naufragar en la esgrima verbal apasionada, se embarcaban en discusiones que invariablemente tenían que ver con dos de los temas menos recomendables desde el punto de vista del protocolo social: política y fútbol. De los dos restantes, la religión no era parte de la agenda; y el dinero representaba apenas un medio necesario para conseguir cierto confort.
Si se trataba de fútbol, para el 66, el equipo de José –y de Ricardo, mi papá–, la Academia, coronaba una campaña brillante con el campeonato mundial mientras que el de mi mamá, el glorioso River Plate de mis desvelos, todavía tendría que ser objeto de las burlas contrarias y esperar unos cuantos años para festejar un campeonato.
En lo que hace a política, crecí, acostumbrada a las polémicas, consciente desde la más tierna infancia de las diferencias que separaban a los peronistas –dicho con tonito despectivo– de los radicales –sólo ocasionalmente llamados por su nombre y con frecuencia tildados de "gorilas" o, en el mejor de los casos de "contreras"– y del tinte ideológico de los diarios (en casa siempre se compró más de uno porque había que conformar a las dos partes) que, la verdad sea dicha, en algunos casos iba virando según los vientos.
Aunque no entendía por qué mis viejos se reían a carcajadas –rara vez los dos al mismo tiempo– de ese señor vestido de frac que, con un puro entre sus dedos, hablaba a una velocidad increíble de cosas que a mí me resultaban absolutamente oscuras, o mantenía supuestas conversaciones telefónicas –a la manera de un moderno asesor– con quien, después supe, era el presidente de turno, Tato fue el invitado de honor de todos los domingos a la noche, una suerte de tercero en discordia que no admitía preferencias ni brindaba consoladoras palmaditas en el hombro de ninguno de mis progenitores y que, como nadie, eludía los vericuetos de la casi siempre presente censura.
Más tarde, cuando llegaron los progamas "políticos", también me hice abonada gracias no a mi comprensión de los temas sino a mi inclaudicable esencia de "nenita de televisor".
Recuerdo la desbordante alegría de mi madre festejando el triunfo de la fórmula Illia-Perette perteneciente al partido de sus amores mientras mi padre, taciturno, paseaba su tristeza por los rincones. De esa misma época es mi recuerdo de haber escuchado por primera vez las palabras proscripto y proscripción. En cambio, Perón y Evita llegaron a mi vida mucho más tarde porque en ese momento era aconsejable no nombrarlos.
En el discurrir de los años entendí, no sin dificultad, que a veces el que estaba contento era mi papá y que, sin dudas, llegaría el momento en que la que estuviera radiante fuese mi mamá. Y lo realmente valioso es que el tener que verse las caras todos los días los transformó en adversarios conscientes de la provisoriedad de los festejos, seguros de que la celebración propia no era a costa de la humillación ajena, y de que el vencedor de hoy sería el vencido de la próxima ronda.
Hoy agradezco que no me haya tocado un hogar en el cual las etapas de euforia compartida dejaban lugar a otras de sombrío resentimiento mascullado al unísono.
Con el tiempo accedí a las discusiones, más atravesada por la pasión peronista –que ya no era mala palabra– que por la democrática tradición radical. Hoy viene a mi memoria cierto inocultable orgullo de mi padre mientras, animándome a polemizar, entrenándome para la confrontación, me desafiaba a que argumentara: "Convenceme de que tenés razón. Vamos, convenceme".
Si bien las peleas eran ásperas, la vajilla nunca perdió su lugar en la mesa y nunca presencié más que las rispideces del tajante disenso. De hecho, después de más de cincuenta años, mis padres aún piensan distinto y aún siguen juntos.
Tal vez esa convivencia sin acuerdos pero con respeto sea la razón por la cual durante todos estos días me lastimó la incomprensión, la sordera, la descalificación y la aparentemente ineludible compulsión a alinearse de una vereda o de la otra. Tal vez por eso me cuesta entender los enfrentamientos en los cuales el autoritarismo, la amenaza y la intimidación se imponen a la razón. Tal vez por eso, entiendo la democracia como la posibilidad valiosa e irreemplazable de vivir en la diferencia. Tal vez por eso, en contraposición a la costumbre heredada y alimentada por mi familia, elegí el silencio.
Es que, desde mi experiencia, cuando las personas no acuerdan no está todo mal. Cuando de verdad está todo mal es cuando las personas no se escuchan.

13.6.08

Media pila

Esto de andar vagoneteando por blogs ajenos me ha puesto en estado de pereza absoluta. Cada mañana, mi vocecita interior autoritaria y culpógena me despierta con órdenes y recriminaciones varias: que no estuve escribiendo para los blogs, que qué me pienso yo que son los lectores, que siempre la misma inconstante y desaprensiva, que para cuándo voy a madurar y ponerme a trabajar como corresponde... y toda esa cantinela aburrida pero penetrante como un taladro eléctrico que va dejando mi cabeza cual queso emmenthal bien estacionado (¿queda claro que no puedo dejar de pensar en términos de placer?).
Para colmo de males, se me ha dado por tener la casa perfumada y por escuchar musica apaciguante. Si a eso le sumo el gin tonic o la copa de malbec de las siete de la tarde, experiencias dionisíacas que alimentan mi temperamento naturalmente inclinado al dolce far niente, cualquier actividad relacionada –aun de manera lejana– con el trabajo se diluye en vahos de eso que los franceses han llamado, con inigualable sabiduría y sutil musicalidad, nonchalance.
Y dado que, además, tengo un enorme poder de sordera volitiva, eludo de manera sistemática la lucha sin cuartel que me tiene como campo de batalla; una pelea en la cual mis dos voces, respondiendo cada cual a su esencia de mesura o desmesura, tratan de imponer sus perspectivas de la vida.
Pero como no todo es autodeterminación, aquí estoy. A media máquina, con la –apenas– media pila que se necesita para escribir medio post que suene medio como a excusa.

3.6.08

Nosotros, todos, ellos, nadie

Palabras que se utilizan a diario y que, de un modo a veces inadvertido, segmentan, unen, delimitan, excluyen, juntan, separan, incluyen. Que nos atan unos a otros en grupos a los que pertenecemos o en totalidades de las que no podemos escapar. Que nos obligan a tomar posición de un lado u otro o, lo que es más curioso aún, cuando implican la adhesión a posiciones extremas que no compartimos, nos dejan en un limbo extraño, ajeno y que suele parecernos solitario.

Nosotros no somos ellos. Nosotros podemos ser una multitud que remite a todos los individuos existentes o a apenas dos: vos y yo. Nosotros puede incluir a quien escucha pero también puede excluirlo dejándolo reducido a la soledad o diluido en un ustedes casi despectivo. Nosotros puede marcar el límite entre un acá aceptado y valorado, y un allá que no nos atañe o que, incluso, nos disgusta.

Ellos son los otros. Los que no caben en el nosotros. Los que están en otra vereda. Aquellos, los diferentes, que ocupan el espacio tras la imaginaria línea de división que nos discrimina. Y aunque ellos sean los vecinos –un prójimo próximo– o los hermanos, claramente no son nosotros y se nos hace difícil, cuando no imposible o impensable, estrecharlos en un abrazo.

Todos somos nosotros y ellos. Pero no siempre es tan así. Porque con frecuencia, todos es casi lo mismo que nadie y lo que es de todos no es de nadie. O el todo es más que la suma de las partes. O entre todos no hacemos uno. Y en el revoltijo de la generalización, todos no quiere decir rigurosamente todos.

Nadie, que a simple vista parecería ser ninguno, una ausencia de cuerpo, un espacio vacante, la mayoría de las veces, sin embargo, es alguien y tiene un nombre que no queremos pronunciar o hace referencia a una persona a la que conviene mantener en el aséptico anonimato que provee el nadie. Nadie es la palabra que recuerda la astucia de Ulises frente al cíclope. Es, también, la abolición del yo, del tú, del ellos y hasta del escurridizo nosotros (que quién sabe quiénes seremos). No hay nadie niega doblemente porque si hubiera nadie sugeriría presencia y si no hubiese alguien implicaría ambigüedad.

El caso es que, sin dudas, nosotros, ellos, todos y nadie son palabras difusas. Baste pensar en un funcionario público que durante una alocución dice "nosotros".
¿De quiénes habla? ¿Cuántos de los círculos concéntricos de la sociedad está mencionando en ese pronombre personal? ¿La totalidad de los estamentos sociales, la totalidad de los ciudadanos, el conjunto de personas que conforman el auditorio, aquellos que con su voto lo llevaron al podio desde el cual está hablando, el grupo más o menos numeroso de personas que –aunque no lo votaron– comparten su visión, el grupo de personas que lo acompañan en la función pública, el puñado de personas que han tenido acceso al atril desde el cual emite su mensaje, su familia y amigos?

Es bastante común que, al comenzar sus funciones, los mandatarios presidenciales –sobre todo en la Argentina– digan nosotros y se estén refiriendo a la gran mayoría, una suerte de todos. O casi. También es bastante común que, al avanzar la gestión, ese nosotros remita cada vez a menos personas mientras que el ellos se agiganta y amenaza. Algunos lo llaman "caída de la imagen positiva". Otros, "la soledad del poder". Lo cierto es que, cuando se trata de nosotros, ellos o todos, nadie sabe muy bien de qué está hablando.

28.5.08

Tirá la cadena

Las cadenas de e-mails:
• Te hacen perder tu precioso tiempo en pavadas que, además, le harán perder su precioso tiempo a la gente que apreciás.
• Casi nunca tienen un autor que se haga responsable de lo que allí está escrito.
• Lastiman tu fino sentido auditivo con musiquitas babosas estilo Kenny G.
• Te muestran lugares maravillosos a los que nunca vas a poder ir o te condenan a imágenes horribles que, además, se ven totalmente pixeladas.
• Te ofrecen mensajes que son impracticables, sobre todo cuando tus preocupaciones pasan por pagar las cuentas, darle de comer a tus hijos y ver cómo llegás a fin de mes con más de dos pesos en el bolsillo.
• Pretenden transmitir la palabra divina encarnada de mendigos, mecánicos de automóviles, ancianos desvalidos o personas misteriosas; ilusionarte con mensajes de optimismo simplista, rescate de supuestos valores consensuados como esenciales, golpes bajos, enfermedades súbita e inexplicablemente superadas, milagros, poderes ocultos de los objetos, mantras, etc.
• Te prometen la felicidad instantánea y milagrosa si y sólo si castigás a tus mejores amigos con el mismo documento incentivando la Ley del Talión (llevás una cuenta estricta de quiénes son los que cada día te mandan uno de esos presentes griegos y los ponés primeros en la lista de fwd o hasta tenés armado un grupo con la lista de insufribles) y la competencia desleal (¿o nunca te pasó de reenviarlo rápido porque si otro lo reenvía antes te quedás sin contactos para torturar?).
• Te intimidan y amenazan de manera eficaz.
• Si la seguís, te quedás con la sensación de que le creaste un problema a un montón de gente que, poco a poco, empezará a considerarte un indeseable.
• Si la cortás, no podrás evitar temer que la próxima vez que salgas a la calle vayas a pisar una cáscara de banana, caerte de traste y patinar sobre tus glúteos por la vereda hasta detenerte bajo de un colectivo que te dejará cuadripléjico a no ser que tu secretaria, sin que vos lo supieras, hubiese reenviado el e-mail y, entonces, serás cuadripléjico pero millonario en euros y dedicarás el resto de tu vida a reenviar cadenas de mails.
• Al final, si te queda un resto de dignidad, algo de bondad genuina y sentido de protección de tus seres queridos, terminás mandándoselas a tus peores enemigos, cumpliendo así con el plan maestro para sembrar el odio universal que se esconde tras esos aparentemente inocentes pps.

20.5.08

Cuestión de género

  • Si una mujer es brillante en su desempeño profesional, es porque compite con los hombres. Si un hombre es brillante en su desempeño profesional es porque es un profesional sobresaliente.
  • Si una mujer declara detestar los quehaceres domésticos, es una pésima ama de casa, madre sospechosamente desamorada y no califica para esposa. Si un hombre declara detestar los quehaceres domésticos, los amigos y conocidos le aconsejan que se consiga una esposa (o que se quede en la casa de mamá).
  • Si una mujer opina sobre fútbol, el auditorio masculino piensa que seguro que no sabe nada y automáticamente comienza a interrogarla para probar su presunción o, no sé qué es peor, empieza a hablar –sin incluirla– de la campaña de Ghana en las eliminatorias para mundiales; y el auditorio femenino piensa que es una marimacho que habla de "esas cosas".
  • Si una mujer dice que maneja bien, el auditorio masculino se pregunta qué droga habrá ingerido y desestima la afirmación; y el auditorio femenino imagina a una super diosa que se maquilla, habla por teléfono, escucha música a todo volumen y mira las vidrieras a diestra y siniestra mientras conduce sin mayores sobresaltos.
  • Si una mujer cocina bien, es una cocinera. Si un hombre cocina bien, es un chef.
  • Si una mujer dice palabrotas es una ordinaria. Si un hombre dice palabrotas es... un hombre.
  • Si una mujer revela una intimidad es una chismosa. Si un hombre revela una intimidad es un vivo bárbaro.
  • Si un hombre se agarra a trompadas con otro, es un tipo que tiene los pantalones bien puestos. Si una mujer se agarra de los pelos con otra, es una conventillera.
  • Si una mujer dice sinceramente que otra mujer es linda, es lesbiana.
  • Si una mujer dice que otra mujer es un bagallo, es envidiosa.
  • Si una mujer dice que otra mujer es estúpida, es más envidiosa todavía porque, encima, la mencionada en la afirmación es automáticamente asumida por los oyentes masculinos como una belleza escultural.
  • Si una mujer dice que otra mujer se ganó su popularidad sólo por sus atributos físicos, es –mucho peor que una envidiosa– una resentida.
  • Si un hombre dice que una mujer es inteligente, el auditorio –sin distinción de género– asume que es un bagallo.
  • Si una mujer dice que otra mujer es inteligente, el auditorio masculino desestima la afirmación por incongruente y el auditorio femenino... (omg!) se queda pensando qué habrá querido decir.
  • Si un hombre tiene una vida sexual activa y variada, es un ídolo. Y, obviamente, si una mujer tiene una vida sexual activa y variada es una atorranta.

13.5.08

De dichos y refranes

Suele decirse que el ingenio popular nunca descansa. Yo creo que no es cierto. Es más, estoy convencida de que trabajó un ratito, se hizo la fama y se echó a dormir.
Basta pegarle una miradita al refranero que nos proveyó y que utilizamos más o menos a diario para darse cuenta de que, ¡oh, sorpresa!, basándose en el axioma "no hay peor sordo que el que no quiere oír", tiene una respuesta para cada necesidad, aunque se contradiga con la inmediata anterior.
Es que, bien mirado, el ingenio popular es tan acomodaticio como un político en épocas de elecciones: siempre nos dice lo que queremos escuchar.
Veamos algunos ejemplos.

1. El refranero del placard
Especie de "¡No te lo pongas!" o "Extreme makeover" en el que no importa lo que hagas, lo harás mal.
Aunque la mona se vista de seda, mona queda.
El hábito no hace al monje.
Conforme al traje tratan al paje.

2. El refranero mentiroso
Muestra las ventajas y desventajas de la sinceridad y después, cual Jelinek frente a un micrófono, lo deja a tu criterio.
Miente, miente que algo quedará.
La mentira tiene patas cortas.
Cuando el río suena, agua trae.
Con la verdad no ofendo ni temo.
Si dices las verdades, pierdes las amistades.

3. El refranero de "Elque"
Saga de un tal "Elque" que, a juzgar por su participación en esta obra, es un hombre muy ocupado.
El que avisa, no traiciona.
El que calla, otorga.
El que da, recibe.
El que espera, desespera.
El que nada no se ahoga.
El que mucho abarca, poco aprieta.
El que se fue a Sevilla perdió su silla.
El que no llora, no mama.


4. El refranero madrugador
Para los tempraneros y para los que necesitan justificar la vagancia.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
Al que madruga, Dios lo ayuda.


5. El refranero corajudo
Deja bien claro que ser cobarde cotiza mejor que ser valiente.
El que no arriesga, no gana.
El cobarde vive, el valiente muere.
Soldado que huye, sirve para otra guerra.
El mundo es de los valientes.


6. El refranero volador
Pájaro en mano y pájaro en la olla suena a orgía.
Más vale pájaro en mano que cien volando.
Ave que vuela, a la cazuela.

7. El refranero comilón
No offense, pero sí da.
A falta de pan, buenas son tortas.
Contigo pan y cebolla.
Cuando hay hambre no hay pan duro.
Panza llena, corazón contento.

8. El refranero solitario (y su fiel caballo "Plata")
Onanismo verbal sin objeciones.
El buey solo bien se lame.
La soledad es mala consejera.
Mejor solo que mal acompañado.

9 El refranero voyeur
¡Pobre Borges!
El amor es ciego.
El amor entra por los ojos.
Ojos que no ven corazón que no siente.

10. El refranero puntual

Magro consuelo que confirma que tarde es tarde.
Más vale tarde que nunca.
Nunca es tarde cuando la dicha es buena.

11. El refranero oportunista

¡Y seguro que es un pelado botón (porque eso de que a la oportunidad la pintan calva)!
El que pega primero pega dos veces.
El que ríe último ríe mejor.


12. El refranero insatisfecho
A este sí que no hay ... que le venga bien.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Palos porque bogas, palos porque no bogas.

13. El refranero matemático
Debe matemática de cuarto.
La tercera es la vencida.
No hay dos sin tres.

14. El refranero commodity

El campo está de moda y la pesca no paga retenciones.
El ojo del amo engorda el ganado.

A río revuelto, ganancia de pescadores.

15. El refranero inductivo-deductivo
Acaba de aprobar matemática de cuarto.
Una golondrina no hace verano.
La excepción confirma la regla.

16. El refranero usurero
Un viejo hucha que no quiere ni acordarse de que las mortajas no tienen bolsillos.
La codicia rompe el saco.
El avariento nunca está contento.
El que guarda siempre tiene.

17. El refranero vengador
El justiciero de los refranes que transita entre la inmediatez de una buena tunda y la sofisticación de la revancha.
El que a hierro mata, a hierro muere.
Ojo por ojo, diente por diente.
La venganza es un plato que se come frío.

18. El refranero bocón
Sólo se calla cuando ve la nube de insectos que se le viene encima.
El que tiene boca, se equivoca.
En boca cerrada no entran moscas.

19. El refranero conflictuado
Vive entre "El discurso del método" y "La biblia"
Ver para creer.
La fe mueve montañas.

20.
El refranero de madera
Lo corrieron de atrás, lo corrieron de atrás...
Escoba nueva siempre barre bien.
La leña verde mal enciende.
De tal palo, tal astilla.

21. El refranero veterinario
El "pechoboi" de los refranes.
Gato con guantes no caza ratones.
Muerto el perro, se acabó la rabia.
Sarna con gusto no pica.
Es de pocas pulgas.

22. El refranero neurológico
Lobotomía, pero en envase de lujo (porque a caballo regalado no se le miran los dientes).
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
Hermosura sin talento, gallardía de jumento.


23. El refranero "yo te avisé"
Como para que, de una buena vez, no creas en ningún refrán.
Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago.

4.5.08

Donde muere el protocolo

Las reglas del protocolo son claras en cuanto a lo que es de buen o mal gusto preguntar a una persona que acabamos de conocer. Una charla amena, por ejemplo, elude toda cuestión relacionada con política, religión y sexo (bueno, no se trata de diversión sino de protocolo), dinero, estado civil y cualquier tema vinculado con la vida privada; es decir, todo tópico que pueda sensibilizar a los participantes.
Entre las preguntas desaconsejadas está la muy frecuente "¿A qué te dedicás?" (o "se dedica", en caso de un tratamiento más formal) que, una vez proferida, normalmente es contestada por la mayoría de las personas sin grandes signos de incomodidad.
Ahora bien, si ya es poco feliz inquirir a qué se dedica una persona, seguir avanzando se transforma en una tentación irreprimible para el preguntón y en una tortura para el interrogado cuando la respuesta dada involucra una profesión relacionada con el arte.
Por algún indescifrable motivo, las palabras "artista plástico", "escultor", "actor" o "escritor" desencadenan una furiosa indagatoria que olvida toda regla de protocolo, buenas costumbres, educación y cortesía.
Porque, ¿alguien le pregunta a un abogado –excepto que se trate de un colega– en qué fuero se desempeña? ¿Cuántos juicios ganó ? ¿Cuántos fallos judiciales pusieron a sus eventuales clientes tras las rejas? O a un médico cuál es su especialidad, cuántos pacientes salvó de la muerte y cuántas vidas de los que confiaron en su pericia conforman su lista de pérdidas irreparables.
¿Alguien trata de confrontar a un contador con las inspecciones de la AFIP que tuvo que atravesar y cómo "dibujó" alguna conveniente fantasía en el balance de una empresa? No, ciertamente, cualquier situación de ese tipo sería considerada una grave falta de ubicación.
Sin embargo, basta que una persona pronuncie, por ejemplo, el mágico "escritor" o, en mi caso, "escritora" –suerte de "ábrete sésamo" de la indiscreción– para que, tras el primer "¡Ahh!" de admiración, aparezca una actitud más cercana a la de Torquemada que a la de un súbito admirador, y la lengua de quien tenemos enfrente empiece a gatillar preguntas cada vez más inquisidoras, cada vez más incómodas que, transcriptas, pueden llegar a dibujar el camino del infierno y que dictaminan la muerte del hasta ese momento agonizante protocolo.
De pronto y sin aviso previo se escucha otro "¡Ahh!" (segundo de unos cuantos por venir) seguido del "¿Y qué escribís?"
A esta altura, ya me autoflagelé por no haber mentido piadosamente (piadosamente para mí que sé lo que me espera) y tengo ganas de contestar que escribo cartas insultantes e intimidatorias, que nunca envío, a personas que no existen y que después quemo para que queden rastros de mi infame actividad. Y, sí, tengo poca paciencia, al menos en mi interior, porque, en realidad, con sonrisa dentífrica contesto telegráficamente: "Cuentos".
Entonces (omito los "ahhh") sobreviene la siguiente pregunta inadecuada: "¿Para grandes o para chicos?", formulada con cara de "mirá qué inteligente que soy y cuánto me interesa lo que me contás".
Mientras mi barómetro sube y mi voz interna grita "decile que escribís cuentos verdes, obscenos y soeces para chicos porque alentás toda forma conocida y por conocer de perversión", yo acomodo la sonrisa que empieza a ser mueca y sigo siendo educada pero todavía escueta: "Para adultos".
Como al parecer las respuestas discretas y sintéticas tienen un efecto motivador en los interlocutores, llega, inevitable, una nueva inconveniencia: "¿Pero cuentos de qué?" acompañada de un gestito tipo "esta vez te agarré".
Si la pregunta anterior remitía a una extremadamente básica división de la literatura (la dupla infantil/para adultos), la actual –el arbitrario corte temático– me deja con la presión a niveles de accidente cerebrovascular, el gesto contraído y la mirada torva. Entre dientes, mi respuesta tiene sibilancia ofídica y malvada: ¿Qué querés decir con "cuentos de qué"?
Aliviada porque la incomodidad ha pasado al terreno contrario, veo a mi casual interlocutor o interlocutora dar un paso atrás en sus impertinentes avances y buscar con denuedo las palabras que expliquen su pregunta para, luego de un momento de duda y ante la lamentable falta de recursos teóricos, lanzar un desesperado: "¿Ciencia ficción?".
Sé que en ese momento podría empezar a hacerle la vida difícil, emplear elementos discursivos que lo dejen fuera de la conversación, apelar a algún punto estratégico de mi curriculum vitae y escuchar el "humille, humille" que me arenga desde adentro. Pero no. No nací para eso. No me va la máxima bélica de que al enemigo no se lo deja herido. Y, en un instante, me invade la piedad. Para ser franca, la piedad y cierto hartazgo de conocer a la perfección el final de la historia. Aún así, como no me entrego con facilidad, digo: "No, ciencia ficción no".
En ese punto de la charla sé que soy cadáver. Mi persistente laconismo, mi renuencia a las explicaciones y definiciones, mi pudor (entendido por el otro como fingida humildad) me dejan expuesta a un ataque del que no podré defenderme: "¿Cuántos libros publicaste?".
Y ya no importa si trato de ensayar un montón de verdades sobre mi postura en cuanto a la ética de un autor literario ni si rescato mi historial de premios ni ningún otro argumento que pretenda justificar el carácter inédito de mi obra.
Es que si bien nadie juzgaría a un abogado, un médico o un contador que sean claramente mediocres en el desempeño de sus profesiones, a un artista, cultive la rama del arte que cultive, siempre se le exige genialidad (?). Una genialidad que, por otra parte, está asociada de manera indisoluble a la fecundidad de su obra, a la trascendencia pública y hasta a la popularidad (aunque todos sabemos que si en algo son geniales la mayoría de los autores de best sellers es en cuestiones de marketing y negocios).
Allí donde muere el protocolo, sin libros publicados, sin cuadros expuestos, sin discos grabados, sin papeles protagónicos desempeñados en teatros de renombre, los artistas no alcanzamos siquiera a ser mediocres. No importa si vivimos de lo que amamos y si hemos hecho un pacto indestructible con nuestra vocación, no existimos. A lo sumo somos delirantes, fabuladores, bohemios, extravagantes o, lisa y llanamente, vagos.
Igual, allí donde muere el protocolo, aun sabiendo lo que me espera, a quien se atreva a preguntar a qué me dedico le contestaré: "Soy escritora".

28.4.08

Yo avisé

Y el que avisa no traiciona.
El que se apuró lo habrá visto. El que no, y bueh... tendrá que conformarse con verlo bajar hasta desaparecer.
Sea caída libre o sea el primer síntoma de que las cosas vuelven a la normalidad, ¿quién me quita lo bailado? Al menos ya sé cómo se siente arañar un
ranking.