2.11.08

El espasmódico

El espasmódico es un hombre intenso. Tan intenso que le cuesta sostener esa intensidad por más de una semana.
En un primer encuentro puede brindar una impresión equivocada que dependerá exclusivamente de la actividad que haya elegido para ese periodo. Ya sea 'la semana del deporte', 'la semana del glamour', la 'semana de las comilonas' o 'la semana de la dieta', su vida es un espasmo perpetuo en el cual durante siete días se desempeña con admirable aplicación y perseverancia.
Por cierto, su existencia tiene puntos de inflexión periódicos: cada lunes se impone cambiar radicalmente de vida; entonces, tras una seguidilla de comilonas sobreviene el ayuno; tras el ayuno, el glamour que lo devuelve al placer; tras el glamour es necesaria una nueva desintoxicación, esta vez sin ayuno porque aún está fresca la desoladora sensación de la abstinencia, por lo que el objetivo será el deporte; tras el deporte que no ha reconocido límite y le ha causado agotamiento y dolores varios, vendrá la contemplación; tras la contemplación, la aventura y así ad infinitum.
Su estructura de personalidad navega entre dos estilos opuestos: el desenfrenado y el monástico, que se suceden en un círculo infernal cuya particularidad es que lo lleva de la culpa a la revancha y de la revancha, nuevamente, a la culpa. Como un perro que intenta morderse la cola, el espasmo de esta semana intenta emparchar las secuelas del espasmo de la semana anterior. Y el resultado es que siempre está en deuda consigo mismo. Una deuda insalvable que renegocia cada domingo con una normativa impiadosa similar a la de los organismos crediticios internacionales.
Este pobre hombre se debate en la dicotomía de los merecimientos. O se merece disfrutar o se merece un castigo por haber disfrutado. Su yo interior muta del nazismo al laissez faire, del rigor estoico a la relajación dionisíaca.
Por supuesto, la mujer que esté junto a un espasmódico deberá embarcarse en sus cruzadas semanales y comprender (y aceptar y acompañar) que hoy quiera dejar de fumar porque se ha dado cuenta de que el cigarrillo le impide practicar deportes comme il faut (para él, que se obliga al alto rendimiento sin escalas) y 'es un veneno que te acorta la vida', pero también deberá aceptar que el próximo lunes encienda un cigarrillo porque 'la vida es una sola y trabajo como un burro y no puede ser que no me dé los gustos y, además, estoy tan nervioso que no me aguanto'. ¡Justo ahora que ella llevaba tan bien la abstinencia de nicotina!
Pero que jamás se le ocurra dejarlo solo en sus emprendimientos. Diferenciarse y no subirse al tren del espasmo es una actitud conspirativa, de alta traición y, por lo tanto, imperdonable.

1 comentario:

SBM dijo...

Ay, es que los domingos por la tarde son muy duros. En cualquiera de los casos, creo que esos rasgos de personalidad del espasmódico,que también describes, no son en exclusiva masculinos. Sinceramente creo que hay tantos como "espasmódicas".


Un abrazo