9.10.08

San Google

La mecánica es sencilla: uno escribe, la gente busca. Tipea en la ventanita y así aparecen las plegarias a San Google bajo la forma de keywords que van enlazándose como las cuentas de un rosario.
Lo extraño es que, si bien este santo siempre escucha, a veces responde como un casamentero loco que arma parejas imposibles, ridículas, surrealistas.
Cientos de cándidos alumnos han llegado a mis páginas herejes buscando estados de agregación de la materia para, seguramente, cumplir con alguna asignación escolar. Esos son los cultores del Rincón del vago.
Están, también, los prácticos que aterrizaron de narices porque querían saber cuál es el orden de los alimentos en la heladera y, por supuesto, encontraron mi costado obsesivo; o los que necesitaban frases de obituarios. Los iracundos que, casi como una declaración de principios, tipearon me cansé de las palabras; los atribulados como la que confundió la ventanita con un confesionario y se lamentó ¿por qué me confiesa que es casado después de un mes de relación? Y los despistados de siempre como el o la que, en estado de emergencia o como un gesto previsor, se interiorizó acerca de un albergue transitorio en Dubai.
Luego vienen los serial searchers. Los del bello encarnado (sí, copio bien lo que otros escribieron mal) en cejas, piernas, y en relación con el VIH. Los del bulto: bulto slip, bulto boxer, grandes bultos, hombres con bulto, push-up para el bulto y siguen los bultos. Los de los desnudos, nada originales por cierto. Y los de la lobotomía que agrupan todas las búsquedas imaginables relacionadas con ANTM.
Por último, el más llamativo de los usos: el modo Aladino. Es el que utilizan los que piensan a San Google como si fuese la famosa lámpara del cuento y depositan allí sus deseos con la ilusión de que el genio que vive adentro del rectangulito los haga realidad: quiero a Paris desnuda, quiero ser atleta, quiero ser una cola Reef, quiero ver la cola de Belén Francese, quiero ver una cola o el inefable, irrepetible e increíble quiero ser virgen sin pagar plata.
Lo cierto es que, de un modo u otro, consejero, genio, santo o gran maestre del secreto algoritmo, Google le dio a todas estas personas la misma dirección: SEUO.

4 comentarios:

nazario dijo...

Ja ja ja ja, brillante como siempre Laura, brillante.
Araxos totales for you
Chris

Anónimo dijo...

naaaaaaaa

la pucha! Laura está vestida de humor!

ultimamente, me hacés reir mucho pero mucho.

Gracias por tanta magia.

Y no voy agregar que está excelente el post, no?

abrazos!

Margarita dijo...

Laura, puse en google una frase entrecomillada de esta entrada ("¿por qué me confiesa que es casado después de un mes de relación?") y el buscador me mandó... ¡a esta entrada!. Jajaja. Buenísimo.

SBM dijo...

Ay... es que el google se ha convertido en una especie de genio de la lámpara, basta con teclear un par de palabras (no hace falta ni siquiera que estén correctamente escritas, ya que incluso te corrige la ortografía) y darle al botón... y voila....
Al tiempo, pronto habrá adivinos que interpreten, cual oráculo de Delfos, las preguntas formuladas al google.

Un abrazo fotísimo con buscador