Y aquí llega otra que es rubia y flaca. Rica des-heredera (el abuelito Barron, harto de la vida irresoluta de su nieta, la sacó de la lista que la iba a hacer dueña de una parte de las 335.000 habitaciones con las que cuenta la cadena hotelera) que, además, como siempre sucede, es una máquina de hacer plata por sus propios medios. Es que, cito a mi padre, "la plata llama a la plata" (afirmación tautológica que provee caudal de información cero, lo que la hace inútil para la comunicación). La muchachita, que puede establecer raides de diversión y desenfreno, y cuyo coeficiente intelectual parece tender a nulo, modela, actúa en cine y televisión, canta (?), produce perfumes, tiene una línea de joyas y ha hecho de su nombre –un nombre que, seamos sinceros, no es fácil de llevar– una verdadera registradora que nunca descansa.
Poco le importó la difusión del video One night in Paris cuyo título, es necesario aclarar, no remite a una recorrida turística por la capital francesa sino que muy bien podría aludir a las declaraciones de cierta parte anatómica (¡si esas partes hablaran!) de su eventual novio –Rick Salomon– respecto de un encuentro en el cual, obviamente, no faltó el intercambio de fluidos y que se hizo público (¡Oh, casualidad!) al mismo tiempo que se estrenaba el horrendo The simple life.
Tampoco le interesa ser constantemente perseguida por un enjambre de fotógrafos que se aplican a registrar sus proverbiales borracheras, las marcas que sus permanentes excesos le dejan en el rostro o las características de su underwear –que suele perder la categoría de under con notable frecuencia.
Dado que no puede ser categorizada como "la más rica" ni "la más inteligente" ni "la más emprendedora" ni "la mejor vestida" ni "la más refinada" (todas cuestiones de las que está muy lejos), Forbes Magazine la clasificó como una de las 100 mayores celebrities del mundo. Y, convengamos, es una clasificación bastante difusa porque no indica otra cosa que el espacio ocupado en los medios sea por las razones que fuere (que muchas veces tiene que ver con sus escandalosas costumbres). ¿Es que alguien me puede explicar qué otro atributo se necesita para ser una celebridad?
Y así como quien dice hoy desayuno café con leche con medialunas, Paris un día se levantó y afirmó que quería cantar. Entonces, lanzó un compacto que, aún antes de salir a la venta era conocido por nombres como Paris is burning, One crazy party o Screwed, aunque finalmente, en un ataque de síntesis y metáfora, se decidió nombrarlo de una manera que resumía todos esos conceptos: Paris Hilton.
Y otro día fue poseída por la genial idea de hacer de su inutilidad un éxito. El producto de ese profundo pensamiento fue The simple life. Un programa de televisión en el cual se la veía junto a Nicole Richie intentando hacer lo que la humanidad entera hace todos los días sin mayores dificultades: trabajar. Claro, ellas dos tenían que hacerlo sin perder la compostura de spoiled girls que las caracteriza: enjoyadas, subidas a los tacos aguja, cuidando las extensiones y tratando de evitar contaminarse con la multitud de plebeyos sueltos que uno se choca por el mundo cuando se baja de la limo y, horror de los horrores, se da cuenta de que las seis de la mañana es la hora de levantarse y no la de acostarse.
En cuanto a romances, se la vinculó con Leonardo Di Caprio, Nick Carter, Oscar de la Hoya (sí, Oscar de la Hoya el boxeador, aunque parece que el que la boxeó fue Carter), Brian Urlacher (un Chicago Bear), el actor Edward Furlong, Rob Mills y Britney Spears (en fin...).
Después de repetidos incidentes con los integrantes del LAPD y la justicia californiana, Paris finalmente fue detenida y condenada a poco más de un mes de prisión efectiva. Es necesario reconocer que la muchachita logró hacer de su vergonzante ida a la cárcel un nuevo circo mediático que la mostró con un traje a rayas very chic, acompañada de su infaltable e insignificante perrito de cartera luego de haber asisitido a la entrega de los Premios MTV.
Obviamente, no quiero ser una heredera desheredada. No me podría ni acercar a su capacidad de transformar en billetes toda idiotez que la circunda. No me interesa la ridícula vestimenta de su mascota. No quiero mostrarle al mundo mis intimidades más vergonzantes (no me refiero al video sino al carácter de inútil total). No está en mi esencia competir por el, si lo hubiese, galardón a la Reina Universal del Reviente. No. No. No. Lo que le envidio con ahínco y persistencia, lo que no puedo tolerarle, lo que me hace querer ser ella es que trabajó en el monumental, ácido y comiquísimo retrato de la banalidad institucionalizada del modelaje que protagonizó Ben Stiller: Zoolander.
6.4.08
Al desnudo: Yo quiero ser Paris Hilton
Publicado por
Laura Cambra
en
12:58
Etiquetas: al desnudo, descerebrada – el rinconcito de Marta Sánchez
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2 comentarios:
Su participación en esta divertida película (el duelo con su compinche Owen Wilson es delirante) ¿deriva de su aparente capacidad de reirse de si misma, y por ende de todos nosotros como partícipes - espectadores de sus banalidades? o por el contrario es que se apunta a un bombardeo, y ve una cámara y no puede resistirse (cuestión ésta que explicaría sus sex tapes)Misterios...
pd No he tenido tiempo de comentar anteriores entradas, pero tú y yo, tenemos que quedar para ir al supermercado porque juntos íbamos a disfrutar de lo lindo.
Ella es ícono de nuestro tiempo, de los Estados Unidos.
La decadencia, ella es la quinta escencia de ello, cero talento mucho dinero el mundo le paga por ser exactamente la animadversació de una chica decente.
El mensaje se puta, frívola, drogadicta, reventada eso te convertira en una diosa.... lo peor es que muchas niñas la ven como ícono, Quiero ser como Paris mama.
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