18.5.07

Empastíllate, amor

Antes –y cuando digo antes no estoy diciendo en el siglo XIX sino hace un par de décadas– en una reunión uno conversaba sobre sus preferencias respecto de cine, televisión, libros, comidas o viajes. Es decir, temas –hoy creo que está mejor decir tópicos– que sirviesen para establecer afinidades o diferencias con el resto de los presentes. Las reglas de urbanidad excluían de manera tajante aquellas áreas que, en vez de marcar las preferencias o rechazos, condujeran a francos enfrentamientos que pudiesen arruinar el amable encuentro, las consideradas de mal gusto o aquellas que fuesen catalogadas como de "la vida privada". Por lo tanto, la charla jamás podía versar sobre política, fútbol, dinero, escatología ni elecciones o costumbres sexuales.
Por supuesto, un tema que estaba completamente elidido de cualquier conversación civilizada era el de las patologías psiquiátricas. Un manto de piedad e inmotivada vergüenza cubría las verdades acerca de tratamientos y prescripción de fármacos.
¡Qué lejos parecen haber quedado aquellos tiempos! Hoy se charla y se intercambia información acerca de psicofármacos como si se tratara de marcas de ropa, recetas de cocina o partes meteorológicos. Simples usuarios se transforman en expertos cuando destacan las diferencias entre alprazolam y citalopram. Las ventajas de la paroxetina sobre la fluoxetina o la sertralina. Los efectos de estos preparados sobre los neurotransmisores. La acción de antidepresivos, sedantes, anticonvulsivantes, antipsicóticos e hipnóticos ya no reviste secretos y da lugar a frases de lo más extrañas del tipo: "Tomo tal cosa para el pánico", "Yo no me duermo sin mi cuartito de tal otra", "¿Probaste con tal, que además de sacarte la ansiedad, te saca el apetito?" o "No, yo la tuve que dejar porque me engordaba".
En otros tiempos hablar de la dependencia de fórmulas farmacológicas ocasionaba una sensación de incomodidad en quien las consumía. Un cierto pudor nos llevaba a la omisión de detalles acerca de nuestras flaquezas psiquiátricas. En la actualidad no sólo se comentan sino que se han transformado en un parámetro de pertenencia a esta sociedad alterada, vertiginosa y terriblemente necesitada de soluciones y paliativos para mitigar la angustia que nos provoca vivir.