23.4.07

No me gusta Ricardo Arjona

Sobre gustos no hay nada escrito. Cada uno de nosotros tiene sus preferencias, sus cercanías y, por supuesto, aquello que descarta. Y cada uno, también, tiene derecho –y la mayoría de las veces lo ejerce– de proclamar sus elecciones. Por lo tanto, probablemente haya demasiado escrito sobre los gustos personales. Así que no me voy a privar de hablar sobre los míos.
A mí me gusta la música. De una manera indiscriminada. Tanto puedo encontrarme tarareando la última canción de moda de esas que pasan en la radio a toda hora del día en cada punto del dial como sumergirme en alguna pieza de las que son usualmente consideradas clásicos. Del tango a la salsa. De las sinfonías al rock. Del raegge a la música celta.
Pero no me gusta Ricardo Arjona. Sé que muchos, en realidad muchas, de quienes lean esto se desgarrarán las vestiduras preguntándose cómo es posible que el hombre que hace suspirar a mujeres de la más variada edad, el que cada vez que termina sus conciertos debe contratar una empresa que levante las toneladas de ropa interior que quedan desparramadas sobre el escenario dejando constancia del éxtasis, el que provoca tsunamis de estrógenos, el que levanta oleadas de gemidos orgásmicos con sólo mostrar una pequeña superficie de su pecho por la hendija de la camisa blanca y cultivar esa apariencia desaliñada que implica horas de espejo rodeado de estilistas, vestuaristas y maquilladores, no me guste.
Y dado que soy obsesiva, no me conformé simplemente con buscar otra emisora cuando el guatemalteco sonaba sino que también decidí dedicar un tiempo a indagar sobre las causas de mi desagrado. Entonces descubrí por qué no me gusta:
Es de suponer que quien canta en primera persona pretende que quien escucha se identifique con la segunda persona invocada en el texto. Pues yo me resisto a ser quien cae a los pies de alguien que me habla de unos pechos, que pretende que sean míos, "víctimas de la gravedad" (ni que fuera Mirtha Legrand); que dice que la fulana en cuestión –o sea yo– le gusta tal y como es, "incluso ese par de libras de más" (¡qué histéricamente exigente se pone el muchacho cuando dos libras son escasamente un kilo! y, además, ¿quién le va a creer que es bien hombre y detecta esa mínima variación en el peso de una mujer?) y que si el jefe la viese "desnuda y detrás no dudaría en promover" su cintura (encima entregador). Mis más de cuatro décadas en respetable forma reniegan del concepto "grasa abdominal" como algo poético y romántico. Y, por más que me conozca, detesto que me recuerde que ronco, que fracasé con todas las dietas, que me resisto a confesar mi edad, que me hice una cirugía estética. Para enterrarse todavía un poquito más, tampoco se priva de recordarme, con todas las letras de la malhadada palabra, un pasado de mujer ligera de cascos a quien llevar "a la cama es más fácil que respirar", cuyo teléfono es de dominio público y que tiene en su cama más marcas "que una playa en pleno verano", para terminar reconociendo que si quisiera evitar habladurías tendría no ya que limarse los cuernos sino salir del país. Llegado este punto, es casi natural que me sienta ofendida.
Sin mencionar que cuando me pide que le diga que no para que él luche por el sí o que mientras le digo que no piense en un sí o que, aún mejor, le dé el sí pero con cuentagotas, aullando como una Gata Flora en la cúspide del ciclo, lo que me dan ganas es de convidarle un IbuEvanol y una ducha tibia.
¡Y después, para terminar con bombos y platillos, cual esposa demandante –y frustrada– un domingo a la hora del fútbol, se queja de que haya pingüinos en la cama!

3 comentarios:

Monoblog dijo...

¡Sos una ídola total! Me hiciste reír con muchas ganas (para no decir que me cagué de risa, que queda feo).

Muy buenos los argumentos, me encantó el post. A mí, algunos temas de Arjona me gustan. Otros me parecen un espanto.

Ah, soy hombre. Me llamo Alejandro, tengo 42, casado, separado y regresado con la misma mujer, tengo un pibe de (casi) 10 años y trato de gozar de la vida.

Me gustó el estilo del blog. Seguí adelante.

Ale.

Mando confirmación de lo dicho: Arjona apesta dijo...

http://buguert.blogspot.com/2006/10/ricardo-arjona-es-grasa.htmlEn cada oportunidad en que tuve la osadía de manifestar que no me gustaba cómo cantaba tal o cual artista latino, mi ocasional interlocutora (por alguna razón siempre son mujeres) me contestó que "yo no lo entendía a fulano", y que debía "escuchar las letras de sus canciones".
Así me pasó con Joan Manuel Serrat, con Joaquín Sabina y con otros que sería ocioso mencionar. Debo decir que en estos dos señaladísimos casos las admiradoras tenían algo de razón: las letras son bastante buenas.
Si bien esto no basta para que yo me convierta en un fanático, al menos puedo entender a los (las) que sí se deshacen en lágrimas de emoción y acompañan con gritos histéricos las presentaciones de esos cantantes.

Cuando recientemente pude ver el éxito que obtiene el guatemalteco Ricardo Arjona en Buenos Aires, a pesar de que nadie me la había pedido y tengo tanta autoridad en materia musical como en filatelia asirio-babilónica, expresé mi opinión sobre el muchacho, que es la que sigue:

Grasa o mersa en Argentina, naco en México, hortera en España, ordinario en cualquier país, eso es lo que pienso de Ricardo Arjona. Me parece un individuo tan pringoso, que si por casualidad se diera una ducha provocaría una catástrofe ecológica que ríase del Exxon Valdez. No me gusta como canta, sus melodías no tienen ni siquiera la simplicidad y la alegría que permita ser motivo de solaz en casamientos y fiestas de cumpleaños. Cuando desgraciadamente su excesiva difusión me expone a sus balidos me siento cubierto por una sustancia cochambrosa y dulzona, como si fuera un candidato a la presidencia obligado por la exigencias de la campaña a besar niños atiborrados de manzanas cubiertas de caramelo.

Y sin embargo el guatemalteco llena los teatros de masas chillantes que matarían por un mechón de su grasiento cabello no ya para estudiarlo bajo el microscopio a fin de descubrir combustibles alternativos sino para guardarlo en un relicario.

"Esto hay que investigarlo", me dije, y entonces envié al Grupo Recopilador de Análisis Sociales Artísticos (G.R.A.S.A.) de Los sin-logismos de Bugman a hacer un estudio de campo en la cola de un teatro donde se iba a presentar Arjona, tratando de descubrir qué era tan atractivo para las miles de adolescentes que, hormonas en bandolera, anhelaban su presencia. Fue un fracaso. Los curtidos integrantes del G.R.A.S.A. volvieron a las dos horas arrastrando los pies y quejándose de que a la sola mención del artista las interpeladas aflojaban sus esfínteres y les mojaban los zapatos, o cosas peores que por decoro me guardo. Tuve que prometerles aumento de sueldo y calzado nuevo para que, no sin renuencia, accedieran a acometer nuevamente la empresa. Esta vez les recomendé que trataran de hacer la encuesta entre admiradoras un poco más maduras, si las encontraban.

Y las encontraron, y les preguntaron y la respuesta fue unánime: otra vez el asunto de las letras de las canciones.

"Claro, eso es, estamos ante otro Sabina o Serrat y yo soy una bestia insensible", pensé, y agradeciendo que la maravillosa Internet me permite estudiar la lírica de cualquier solista sin tener que pasar por la desagradable experiencia de comprar un CD suyo y eventualmente escucharlo, me dediqué con estoicismo a la tarea. Y vean lo que descubrí.

La casa está con ganas de clonarte
Y el cuadro en la pared está aburrido
Y es que hasta tu enemiga la cocina
Extraña aquellos guisos que no hacías

Humm...bueno, un mal día lo tiene cualquiera. Evidentemente tengo un prejuicio muy arraigado, veamos qué más hay.

Ese fantasma tuyo que es una hepatitis C
que no lo cura ni un transplante
deme un Dormicum para privarme
y un Vivarin pa' despertar

¿Alguien sabe si Arjona estudió medicina, o tiene una farmacia? No, seguramente fue otro mal día cuando escribió esto (a decir verdad no se si él mismo escribe sus letras). Probablemente si busco un poco con mentalidad más abierta voy a encontrar alguna de esas metáforas que tanto mencionan las admiradoras...

En esta noche no me importa nada
Más cerrado que el culo de un muñeco
está en el bar de Pedro y a chaleco.

Caramba. "Más cerrado que el culo de un muñeco", ¿será una metáfora?. A mí no me parece, me suena más a esas frases que suelen descerrajar las personas que pretenden ser graciosas a fuerza de ametrallar a los oyentes con comparaciones "Más perdido que turco en la neblina" "Derecho como escupida de clarinetista" "Cortito como patada de chancho", ustedes me entienden.
Vamos, vamos, no hay que perder la fe, tiene que haber algo...

Quesos cosas casas
Peros, paras, por ques
Quesos para estar vivo
Cosas para adornar la casa que crees tuya mientras puedas respirar!

Empiezo a pensar que las acusaciones de insensibilidad y cinismo de las que soy objeto corrientemente son fundadas. No me emociona. No me causa gracias. No me mueve ninguno de los dieciséis pelos que me quedan.

Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra
Llevarte a la cama era mas fácil que respirar
Tu teléfono es de total dominio popular
Y tu colchón tiene mas huellas
Que una playa en pleno verano

Por Góngora y Quevedo, que hasta para decir groserías hay que tener gracia. Esto es tan horrible y tonto que perfectamente podría haberlo escrito yo. O un preadolescente lleno de granos resentido porque la chica que le gusta y a la que le acaban de salir las tetas le hace caso a todos menos a él. Y conste que no tengo nada contra los preadolescentes llenos de granos resentidos porque la chica que les gusta y a la que le acaban de salir las tetas le hace caso a todos menos a ellos, al menos ellos no se las dan de artistas. Y no cobran.

Por lo tanto, luego de esta minuciosa investigación (durante la cual perdí un nada desdeñable porcentaje de mis ya escasas neuronas, pero confío en que ustedes no habrán de advertirlo) concluyo que el remanido argumento de la maravillosa poesía de las letras de las canciones de Ricardo Arjona carece de sustento.

Ya sé lo que van a decirme. Que lo mío es parcial, malicioso y malintencionado. Que un poeta tiene derecho a ser juzgado por sus mejores versos. Que yo tampoco soy Cervantes y si toman un párrafo mío al azar también me pueden destrozar impunemente. Y que además soy pelado y me tiro pedos, como leí en algún comentario. Tienen razón en todo. Las admiradoras y admiradores (alguno debe haber) de Ricardo Arjona que quieran escupirme, tengan a bien formarse en una fila ordenada y limitar sus escupitajos a uno por persona. Pero sigo en mis trece.

Para mí, Ricardo Arjona es grasa.

Buenas noches

sharo1 dijo...

Muy bueno el argumento pero también muy gracioso. Mujer, por favor ten un poco de auto estima!! La letra de las canciones no están directadas a ti sino a la mujer o hombre que quiere y puede relacionarse con ellas. Y aunque digas que no, sabes que si puedes relacionarte con las letras de unas(no todas) las canciones. Sabemos todos que conocemos a la que su reputacion son las primeras seis letras de esa palabra y que aun "desnuda" nos sentimos mejor cuando el nos ve perfectas. Aparte de todo, respeto tus gustos pero Ricardo Arjona es uno de los mejores artistas mexicanos. Asta luego!